Ayer estuve de cañas con mi buen amigo Daniel Araújo. Por supuesto arreglamos el mundo al menos 2 veces.

Después de cortar cabezas y encumbrar los temas más manidos, le comenté que estaba pensando en escribir un artículo acerca del chovinismo y su influencia en la economía de un país.

Tras comentarle mis ideas, lo primero que me dijo fue: “¿Pero tú no eras un defensor de la economía global?” Efectivamente, lo era. Sin embargo, el día a día, el contacto cada vez mayor con clientes y proveedores me ha hecho replantear por completo esa postura.

Vayamos al grano. A menudo me encuentro compañías que contratan servicios de compañías extranjeras en base a una mayor credibilidad. No voy a desvelar a nadie el complejo de inferioridad que manejamos en España y que parece ser extensible al resto de países mediterráneos, o más bien del sur de Europa. Sí, los llamados PIGS (Portugal Italy Greece Spain).

Pensando en todo este tema, un poco enfadado por qué no admitirlo, y sin pretender descubrir nada, solo a modo de reflexión, las consecuencias de evitar este chovinismo sin dudan son tremendas. Acompañadas de otros factores como la poca inversión en investigación comparada con el resto de países, deriva en esa situación que todos conocemos de jóvenes marchándose fuera a buscar un futuro pero también obviamente en el crecimiento limitado de muchas compañías españolas que ven a sus posibles clientes contratar servicios a compañías extranjeras. Es más, fondos de inversión españoles que invierten en startups extranjeras como nuevas vías de expansión.

Y digo yo, ¿tan malas son las compañías españolas o es que pensamos que una compañía norteamericana es mejor por ser eso, norteamericana?

No lo creo. Está claro que las claves de éxito en la internacionalización, en el caso particular de las compañías norteamericanas, vienen determinados por una situación realmente favorable a nivel fiscal y logístico que permite llevar sus productos o servicios a una público objetivo de 350 millones sin las barreras de idioma o fiscales existentes en Europa. Esto sin duda, les aporta una facilidad de internacionalización brutal hacia el mercado europeo con un modelo de negocio más que comprobado y con una dimensión de compañía lo suficientemente grande para asumir sin problemas los costes de internacionalización.

Pero dejando a un lado USA, tengo la impresión de que ocurre lo mismo con otros países de Europa. Sin duda, los franceses se llevan la palma. Ante una elección de proveedor no hay ninguna duda. El proveedor francés ganará la cuenta francesa.

Del mismo modo ocurre en Alemania o UK, probablemente con menos fuerza que en el mercado francés pero infinitamente superior a los PIGS.

Con la más absoluta ignorancia y la mayor humildad posible me pregunto, ¿no deberíamos hacer lo mismo nosotros e intentar así potenciar la economía local?